Feminismo·Maternidad

Basta de Baby Showers

De embarazada entendía muy poco de lo que vendría después, para mí el parto fue verdaderamente el cruce de un umbral, el paso al otro lado, y nada de lo que pude leer, conversar e imaginar respecto a la maternidad me parece hoy que tuviera mucho que ver con la realidad de este lado del espejo.

Aún así, los baby showers me resultaban algo zonzos y no quise tener uno. “Es celebrar la llegada del bebé”, me decían. Eso prefiero celebrarlo cuando el bebé efectivamente llegue, pensaba, con temores de primeriza. “Es juntarte con tus amigas a comer cosas ricas y que te den regalos”. Juntarme a comer puedo hacerlo cualquier día. Y que me den regalos quienes lo deseen, no las invitadas a un baby shower porque están obligadas por los usos y costumbres…

Eso pensaba antes y hoy pienso tanto más. Pienso que lo último que necesita una mujer embarazada es un encuentro edulcorado que celebre su maternidad inminente con juegos infantilizantes intercalados con algunas historias tétricas de los partos de las madres presentes (relatos tantas veces cargados de una total falta de conciencia de los derechos de la mujer, del recién nacido, de lo que debería ser un parto y de lo que es la violencia obstétrica). No hay nada menos preparatorio para la maternidad que una tarde de anécdotas anodinas y apertura de regalos mientras te atiborrás de cupcakes. Cuando volvés a tu casa y ves el cuarto del bebé repleto de bolsas y chucherías, te enceguece la bovina tranquilidad de que “ahora estoy preparada para recibirlo de la mejor manera”. Si eso nos es comerse el verso de la sociedad de consumo, qué más?

Lo que tu hijo recién nacido necesita no está ni por asomo adentro de esas bolsitas perfumadas con las falsas promesas de la publicidad. Lo que tu hijo necesita sólo se lo vas a poder dar vos, con cada minuto de tus días y con cada milímetro de tu cuerpo. Con un nivel de entrega y dedicación, y con una necesidad de contención por parte de tu entorno, para los que muy mal nos prepara toda nuestra historia previa de mujeres occidentales, posmodernas, cosmopolitas e individualistas. Y descubrir todo esto sola, a contra corriente de lo que te decían que era la maternidad, y de lo que muchas veces te dirán los médicos, familiares y amigos -mientras un bebé diminuto llora en tus brazos y no sabés por qué- es muy duro.

Podemos generar otros espacios. Hablar honestamente con nuestras amigas, hermanas, tías, primas, abuelas y sobrinas que son o van a ser madres. Establecer lazos de sororidad. Las mujeres nos merecemos una ceremonia de preparación para la maternidad mucho más digna que esta. Mientras tanto, basta de baby showers.

 

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