Poesía

Desire

Mi mano percibe el calor que emana de tu cuerpo, como un mapa guiando el camino, todo conduce al centro, es tan fácil dejarse caer por la vertiente, deslizarte en el río tibio, como hundir los dientes en fruta madura y sentir el jugo dulce inundar la boca. 

Saber detenerse el tiempo justo, abrir los pétalos henchidos de néctar, todo palpita iridiscente, la brisa es también caricia, todo está servido y dispuesto, recostado el vientre sobre la tierra. 

No hay traición, no hay descuido, no hay límite que pueda romperse, los párpados se pliegan sobre las sombras, no hay discernimiento posible, solo tacto, pulso, humedad. 

Poesía·viajes

Valparaíso

Hay un trazo inconcluso. Los puntos suspensivos también terminan por evaporarse antes de unir los dos extremos, señalar el sendero, si es que algo así existe.

La neblina espesa te entra en los ojos y los ablanda un poco, ya no más vidriosos o firmes, se van licuando como crema tibia, se derriten hacia adentro junto con la nube húmeda y el viento, barrilete con olor a mar en la cola, y las gaviotas enloquecidas cerca de un pino viejo. Descendiendo los ojos las escaleras hacia el sótano, bajando peldaño a peldaño en lo oscuro. Carreteás sin prisa por las vías-óxido de la mina, rasgando las entrañas del Tío viejo. 

Nube-luna, baba-lluvia, enreda telarañas de papel tras los párpados.

Cauta pluma, sube cuna, tironea las orejas de la siesta.

Los pasillos crujen de madera astillada

y todo huele tan enternecedoramente a hogar

todo se arremolina en el mismo tamiz por la misma esfinge

hay secretos dulces tras las puertas vidriadas

y manos frías bajo las colchas verdes

todo el aroma es recuerdo es infancia

barquitos de papel naufragando

sonrisas de dientes de leche

Poesía·viajes

Areco

Sé que sólo hay un modo,

una forma única

que haría posible que me quede aquí, contigo

en las esquinas de árboles desnudos como muertos, pero no, es que duermen en invierno.

Podría y sería gorda y redonda como cacerola de cobre

cuchara de madera y delantal a cuadros

podría y los cuadros harían juego con los mantelitos

en las mesas de madera oscura

podría y mis manos grandes y calientes

de tanto revolver junto al fuego

las ollas llenas de chocolate negro

servirían en tazones de barro

el zumo dulce que sonríe en los ojos

chiquitos de quienes beben.

Podría y sería imposible

no ser feliz en esa cueva

de bombones, confites y calderas

de cálida alquimia hogareña

y apacible pueblitud .

Poesía

Confinamiento

Soy tierra cuarteada

el sol fatigó mis esquinas

ya no queda siquiera el polvo,
sólo terrones secos y mudos.
El cantaro rebalsó.
No sabía que luego vendría la sequía,
los pedazos de loza astillándose en el suelo
y nadie que sepa qué hacer con ellos.
Otra vez, el helado pierde su sabor en mi boca.
Los sonidos dejan de hacer eco.
Se secan mis pupilas perdidas en no sé qué.
La vida me pasa por delante como un tren vacío.
No sé en qué estación subirme,
no sé en qué estación bajarme,
solo sé que no puedo seguir acá.
¿Dónde queda el país en el que pueda respirar?
¿Dónde quedó la que yo era
y cuándo empezaré a conocer la que voy a ser?
Maternidad·Poesía

Submarinos

Hoy me di cuenta

Que mis sueños bajo el agua
somos nosotros,
sumergidos, intocables
aislados del fragor
la estridencia, el estallido
de todo el mundo que corre alrededor.
Ese momento
que navegamos juntos en la cama
unidos
en perfecto silencio
es el submarimo transparente,
la burbuja
que surca aguas calmas
mientras todo arriba explota
y no nos toca.
Nada rompe
ese hechizo
música muda de mis manos
en tu pelo
y tu boca en mi pecho.
Maternidad·Poesía

La charla

Soñamos una vez juntos
bajo los brazos verdes
de un paraíso viejo,
yo anudaba mis pañuelos,
la hierba pintaba tus ojos calmos.

Encontré tras una nube
las palabras que faltaban
y mi corazón brotó dócil
como gorrión en tu palma.

Sonreiste levemente,
yo abría las ventanas,
al fin el cántaro rebalsaba
y el agua corría por mis piernas.

Hundimos las manos
en la masa del tiempo,
y las raíces abrieron
las yemas de los dedos.

Ya no quedan migajas
de sombras o sospechas,
ya barrimos las hojas
secas de las puertas.

Sólo quiero sentarme,
muy quieta a tu lado,
a respirar en la brisa
y saborear lo planeado.

 

Recordando LA charla, más de cuatro años atrás…

Poesía

Griega

En la cima del templo
las nubes se agriaban como pasas tibias,
colando una luz grisácea y fría.
Mis manos arañan el mármol suave del piso muerto y blanco.

Lentamente me pongo de pie
no veo nada, los ojos secos, la pared blanca
la gran cosa
la cosa grande
se esconde
habita las esquinas,
las está siempre doblando
ves el final de la capa
flotando en aire justo antes de desaparecer.

Todo está en el rabillo del ojo
todo bate, suma, murmura
y allí, donde se escapa,
estoy,
librada a la carne que se hace jirones en las esquinas del tiempo
donde el viento sopla arena y sal
y las babas secas de los sabios se esconden de la luna.

Poesía

Papeles encontrados

Adonde el rayo y la tiniebla se esconden

tras el ruido triste con las cáscaras secas

sube la salvia por capilares muertos

estalla en flores de sangre violeta.

 

Dónde queda el tiempo, espejo roto?

El agua no va a detenerse,

bajo el puente los pétalos se suceden,

como vidas o duendes.

 

En un baño canta solo el grillo de la suerte

todas las canillas pierden

todos los bolsillos gotean monedas

mis semillas yacen muertas bajo tierra.

 

No me dejan romper los maniquíes,

al contrario, están invitados a la fiesta.

Y mientras todos comen y ríen

a mí me toca el rincón tras la puerta

con los pañuelos de vidrio

y las patas de piedra.

Ya nadie sabe que aún no me fui

y yo misma no sé dónde estoy.

 

Poesía

Nutricia

Soy líquida
nutricia
la naturaleza existe,
podemos ser animales
no es insulto, es Vida,
belleza de caos, sudor y amor.

El placer no tiene nombre
las palabras te aprietan el cuello
como el collar del perro.

Él también olvidó el camino
de vuelta a su hogar.
No hay camino de migas que nos salve
el tiempo gastó la ruta
ya no hay sendero, hay fosa
y en el fondo nadan las serpientes.

Maternidad·Poesía

Hacete árbol

Hacete árbol
Ojos verdes parpadeando a contraluz
Hundí los tobillos en el fango: no hay temor. Brotan las raíces que penetran la tierra.
Llega la frescura como la risa de un niño al tocar el agua.
Nutre napa subterránea
Donde el pensamiento perdió su nombre
No hay memoria de la tala
Pero gotean salvia las heridas.

El camino se desanda solo
O quizás no más: él ahora siempre de tu mano.
El dividuo, el insujeto, el humanimal ojos de noche estrellada.

El cántaro al fin rebalsó
Y se hizo añicos
Trozos de arcilla húmedos que vuelven a fundirse con la tierra
Cumplen su ciclo
No sabías que ibas a romperte
Pero no lo cambiarías por todos los vendajes del mundo.

Árbol sin corteza
Brisa nueva de clorofilas
Madera firme y dócil
Madera madre de cunas
Madera tibia mecedora
Cruje bajo la luna
Madera abraza madre
Madre deviene árbol.