Feminismo·Maternidad

Reapropiarnos del deseo

Es nuestro. Habitamos y creamos deseos propios, no somos mero espejo u objeto de los deseos ajenos.
En un foro de lactancia, sobre el tema del destete, leo: “hay que explicarle al niño que las tetas son del papá y ya es hora de devolverlas”. Expresado como chiste, pero no es inocente. Unas décadas atrás este era el motivo explícito por el que muchas mujeres elegían no amamantar, para “preservarlas”, “que no se arruinen” para su rol como objetos de deseo. ¿Que no se arruinen cumpliendo la función para la que existen en primer lugar? Otro más de los cuentos que nos cuentan.
Tenía 12 años cuando un desconocido en la calle me enseñó que si usaba pollera corta mi cola y mis piernas ya no me pertenecían: mostrar más piel le daba a él la autorización para tocarme. Era la primera vez que usaba minifalda, iba a clase de inglés a una cuadra de casa. No sin espanto caigo en la cuenta de que nunca más salí sola a la calle con pollera corta.
Recuerdo pensar de niña, repitiendo ecos de otras voces femeninas en mi entorno “para qué usa mini esa mujer, si ya tiene marido?”. El cuerpo femenino existe para provocar el deseo del otro. Nada puede ser para una misma.
Muestre o no muestre, la norma implícita es que solo por ser mujer y habitar el mundo habilito reacciones en los hombres de las que soy responsable. Eso te lo enseñan bien temprano la calle y las recomendaciones acerca de cómo vestirte de tus padres. A nadie se le ocurre hacerle un comentario a su hijo varón porque se puso shorts un día de mucho calor.
Si ni siquiera soy dueña de mi cuerpo para elegir qué ropa ponerme, ¿cómo podría ser dueña de mi deseo? Mi deseo le pertenece todo al hombre que yo elija o crea haber elegido como pareja. Y las revistas femeninas gastan miles de páginas en explicarme cómo adaptarme a su deseo para complacerlo.
¿Dónde queda la complacencia de mis deseos? ¿Dónde queda siquiera ser conciente de ellos, cuando habito un cuerpo cuyos genitales nadie nombra en toda mi infancia más que con confusos seudónimos?
¿Cómo adueñarse de lo que nos negaron que existía?