Poesía·viajes

Valparaíso

Hay un trazo inconcluso. Los puntos suspensivos también terminan por evaporarse antes de unir los dos extremos, señalar el sendero, si es que algo así existe.

La neblina espesa te entra en los ojos y los ablanda un poco, ya no más vidriosos o firmes, se van licuando como crema tibia, se derriten hacia adentro junto con la nube húmeda y el viento, barrilete con olor a mar en la cola, y las gaviotas enloquecidas cerca de un pino viejo. Descendiendo los ojos las escaleras hacia el sótano, bajando peldaño a peldaño en lo oscuro. Carreteás sin prisa por las vías-óxido de la mina, rasgando las entrañas del Tío viejo. 

Nube-luna, baba-lluvia, enreda telarañas de papel tras los párpados.

Cauta pluma, sube cuna, tironea las orejas de la siesta.

Los pasillos crujen de madera astillada

y todo huele tan enternecedoramente a hogar

todo se arremolina en el mismo tamiz por la misma esfinge

hay secretos dulces tras las puertas vidriadas

y manos frías bajo las colchas verdes

todo el aroma es recuerdo es infancia

barquitos de papel naufragando

sonrisas de dientes de leche